"No estoy conectado con el universo" es una frase que Gustavo usó en su entrada del tema 16, comparto esa declaración y cabe mencionar que la compartía también hace cinco años. La diferencia entre emitir esa sentencia hoy y haberlo hecho antes reside en las sensaciones que rodeaban tal enunciacion en ese momento del pasado y las que la rodean hoy, pues lo que antes dije con orgullo satisfactorio hoy lleva una carga nostálgica displacentera. Me explico:
Este es, según mi perspectiva occidentalizada (sí, esa forma de pensamiento que implica la necesidad de controlar, la mirada del que teme a la oscuridad y busca en consecuencia a sus miedos predecir todo suceso alrededor), un mundo de conexiones.
El que teniendo 17 años yo me hallase satisfecho, cual jardinero que puede mostrar los frutos de su obra a los ojos ajenos, al enunciarme un individuo desconectado con su entorno, tiene una irónica explicación: en aquel momento sí me hallaba enlazado con una parcialidad de lo que llamamos "vida" y que renglones atrás denominé (en referencia a Gustavo) "universo", o que mañana mientras ordeno algunos tacos en el puesto de la facultad podría señalar como "mundo"; se me ocurre que lo haría en una oración como: "Alv con esta fila tan lenta, ¿qué pedo con este mundo?".
Esta parcialidad del mundo con la que yo me hallaba en sintonía era posible porque me guiaba por ciertos valores de lo que podría conceptualizar como un híbrido entre valores de la modernidad y la posmodernidad, teniendo como marco "el buen rollo" y principios tales como la búsqueda de la justicia y la libertad, la noble voluntad y el progreso espiritual de las sociedades, creía en un mundo modificable y en mí como actor capaz de contribuir al rompimiento con algunas instituciones que se me antojaban insensatas y dañinas para los ideales de armonía entre los humanitos.
El tiempo ha pasado desde entonces y me he topado en el camino con muchas cuestiones que me han traído, paradójicamente, más confusión que nitidez en materia de autoconocimiento y un sentido de vida; yo solía creer en amores infalibles que dependían de encuentros mágicos, hallé un romance así y este se derrumbó por tediosas monotonías y expectativas sin tino. Tenía fé en la determinación de la mente humana y me topé con obras tremendas cuyos efectos, sin embargo, han servido (al menos en contraste con la visión soñadora peculiar de las juventudes) para poco más que adornar correos electrónicos destinados a lo masivo o camisetas con pretensiones de contagio ideológico. Tras los años, la fé se acaba, pero me queda el azar como lazo común entre acciones y acontecimientos, y el azar (como todo relativismo, creo yo) motiva poco. El azar evita sufrimientos absurdos, mérito indudable, pero por otro lado, el azar anula el destello necesario para disfrutar el instante, pues borra las conexiones que permiten a dar significado y contexto, incluso borra la memoria: Por ejemplo, me he sorprendido a mí mismo en situaciones que antes me parecerían completamente contradictorias a mis ideales, sin darle mayor importancia. Estoy seguro de que el Augusto del 2004 no estaría orgulloso del Augusto actual.
Me encuentro en otro lugar, años después, con varias nuevas cicatrices.
Este es un mundo de conexiones, y (por ahora) no me hallo en conexión con él.
Saludos.