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lunes, 28 de septiembre de 2009

5.8 GHz

Frecuentemente me encuentro pensando en convertirme en otra persona. Así, literalmente pienso "ahora voy a ser otra persona". Y cuando digo "pensando" en realidad quiero decir "deseando" y cuando digo "deseando" en realidad quiero decir nada. ea

Generalmente eso sucede cuando los otros evocan en mí una sensación de disgusto cuya conducta-fuente imagino que evoqué yo en ellos ea.

A veces las cosas no son lo que parecen,
o no me acuerdo cómo era la premisa de esta entrada ea.

miércoles, 29 de julio de 2009

de calcetines y semi ficción ea

Yo tenía como 13 años cuando empecé a alejarme de la gente.

Frecuentemente me encontraba rodeado de personas que conversaban y yo no las entendía. No entiendo a la gente es algo que pensaba mucho en el 2009, año en el que decidí irme a vivir al bosque.

Y cuando digo "el bosque" en realidad quiero decir "mi apartamento" ea.

Se me hizo fácil dejar de hablar.
Según recuerdo, cuando me enganchaba en conversación con otros, me sentía poco comprendido, sentía que el mensaje que mandaba no estaba llegando de un modo claro... y sentía que los mensajes que los otros me emitían estaban llenos de convencionalismos y giros verbales azarosos cuyo significado yacía en el imaginario colectivo o que hacía referencia a alguna metáfora desconocida por mí.

2009 fue el año en el que decidí que oralmente no podía comunicarme con los otros, y que el único modo del que podía mantenerme vivo y salvarme de la muerte-por-frustración, sería comunicarme sólamente a través de la palabra escrita.

Se me hizo fácil.

Me surtí de libretitas y bolígrafos. Desde entonces me comunico sólamente a través de ellos, cuando salgo a las calles y necesito de los otros. No tengo que escribir mucho. "300 gramos de queso, por favor" y me lo dan.

No sé ni me interesa lo que la gente asuma. Quizá piensan que soy sordomudo. Quizá piensan que no uso calcetines.

lunes, 6 de julio de 2009

No estábamos para el romance

Hace por hay de dos años creía en los propósitos, es decir, en que todo tiene una razón de existencia. Ahora (ateo, "rojillo" y con insomnio constante), creo que todo tiene una causa, pero no todo tiene una razón. Creo en la existencia de procesos evolutivos que se basan un tanto en el azar, un tanto en las relaciones que surgen entre la especie en cuestión y un tanto en la adaptabilidad. Sin embargo, la casualidad (entendida como un encuentro accidental de variables "independientes" que si bien tienen una causa, no tienen una razón para encontrarse) no me gusta, le quita lo especial a las cosas.
Me gusta pensar en los "milagros" del azar (piénsese en un choque entre ambulancias), en todas aquellas configuraciones de probabilidad que se dieron para que conociera a determinadas personas, y luego, la probabilidad de que sostuviéramos relaciones más profundas. Sumémosle a lo anterior la probabilidad de que aun cuando ya no nos podamos frecuentar tan seguido debido a las distancias, sigamos contactándonos y de que se planteen posibilidades a futuro.
Dejarse llevar por el azar y la libertad (la libertad entendida desde un rango de actuar social limitado) es una actitud de vida que me gusta mucho, aunque conlleva consecuencias muchas veces no agradables. Disfrutar y sufrir: ciclos de un mismo sistema.
Por otro lado hay veces en que los astros no están a nuestro favor y hacemos todo lo posible (¿forzamos?) para que las cosas vayan bien y, sin embargo, sucede lo contrario. Es el caso de algunas relaciones que queremos se "den" a como de lugar.
Personalmente al no ver resultados abandono el proyecto, no obstante he pasado hace poco por una relación en la que se hizo de todo y a pesar de esto, estaba condenada al fracaso. La diferencia de intereses y personalidad era obvia, pero la atracción física fue más fuerte.
Mentir y fingir es algo que últimamente he aplicado para liberarme de conflictos o llegar de manera más fácil a un determinado fin, sin embargo esta actitud siempre lleva a una insatisfacción al final.
La naturalidad y el dejarse fluir por el azar son aspectos de la realidad que valoro demasiado.