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sábado, 10 de diciembre de 2011

Y también es soledad

(con recuerdos)

Ella:

- algO así cOmO mOntañezcOOOO

sencillÓn-

(me lo imaginaba, me gusta)

Hace 29 minutos el:

-Tú tienes personalidad montañezca-

-por eso me caes tan bien-

(por eso eres especial)

Hace 25 minutos ella:

-hmmm... cÓmO¿¿¿ fría-

Hace 22 minutos el:

-no-

(creo que piensas que eres fría)

Hace 18 minutos ella:

-¿Entonces?-

El:

“Sopla el viento sobre las montañas

Es impasible, salvaje, eterno

Sopla el viento sobre las montañas

Heladas montañas de hielo

Aquellas que los hombres levantan

Para ser pasto del viento

Yo estoy en mi montaña.”

(texto, poema de la red)


Hace 16 minutos El:

-En todo caso lo frío lo asociaría con tranquilidad-

-Tu crees que el frío es tranquilidad?-

(un recuero borroso, una imagen: una mujer sentada en una banca de madera, de espaldas, en un parque, hay árboles a los lados, trae un abrigo gris, bufanda negra el cielo es azul marino, casi es de noche, sopla el viento muy fuerte, mueve su pelo, está fumando, sola, esperando, a nadie, haces frío pero ella no lo siente casi no siente, no es muy nítida la imagen, toda la imagen está invadida por el azul marino)

Hace 11 minutos ella:

-ahhhhhh...-

(eres tranquilidad… )

Ella:

-yO creO que el fríO es calma cOn dulzura...-

(la misma imagen, solo que esta vez la mujer no está sola, su cabeza esta recargada en el hombro de un alguien, un hombre, solo miran el cielo azul, sentados, esperando algo, juntos,

la imagen es más nítida……

es cálida….

……….y de la imagen y de la frase se hace un poema)

(te veo)


Hace 9 minutos El:

-y nostalgia-

-es muy linda tu definición de frío-

( me gusta, la comparto, es mía)

Hace 8 minutos ella:

-sObre tOdO nOStalgia...-

(sobre todo nostalgia)

( somos dos)

jueves, 8 de diciembre de 2011

De ficciones.

Mi nombre es Feliciano y yo sí soy un vato solitario. Solía decírselo a toda la gente.

"¡Feliciano!", me gritaba la maestra en aquella primaria de Querétaro. Y yo le respondía: "Soy muy solitario". Eso fue en 1994.

"Feliciano, ¿por qué estás tan triste? Tu nombre es Feliciano, la felicidad es la raíz de tu naturaleza", me decía mi tía Guadalupe. Yo le respondía: nada. No me acuerdo de las fechas.

Un día decidí mudarme a México D.F., pero no lo hice, sólo lo decidí.

Ahora escribo en un blog, es el año 2011.




domingo, 4 de diciembre de 2011

Solitario, pero dentro de la masa.

Uno de los planteamientos más básicos de la Sociología (sólo detrás del reconocimiento de estructuras sociales independientes al individuo) es aquel que dice que el hombre es producido socialmente. Ningún sujeto se concibe sino en interacción con otros, o dicho de otro modo, sólo podemos hablar de sujetos-insertos-en-sistemas. La función inicial de la identidad, es la de establecer límites entre un "yo" o un "nosotros" de un "otros". Esto se logra apropiándose de algunos aspectos de la cultura acentuados estructuralmente en los sujetos por su posición social, o tomados reflexivamente/activamente de nuestro entorno cultural. La "individualidad" producida socialmente lucha constantemente contra las abrumadoras fuerzas sociales (el comportamiento indiferente opera como un mecanismo de protección frente a estas fuerzas) y las avasalladoras olas de información que constriñen pero al mismo tiempo desubican. En efecto, la sofisticada división del trabajo que ocurre en las ciudades, produce una diferenciación cultural gigantesca que obliga al sujeto a intentar distinguirse bajo el riesgo de ser absorbido por la masa.
Yo no sé con certeza por qué no me siento cómodo con el grueso de la gente. Y es que no se trata de un desprecio basado en la idea de algunos sociólogos de que los sujetos son idiotas. No, yo me uno a quienes sostienen la reflexividad de los actores y al mismo tiempo me uno a los que consideran que estos disponen de algún tipo de recursos que les permite establecer objetivos y movilizar los medios para alcanzarlos, es decir, de que disponen de cierta dosis de poder. Tampoco pienso que soy especial en relación al resto de la gente, digo, los atributos culturales estructuralmente acentuados en mí en esquemas cognitivos o representaciones sociales (que a algunos les gustaría llamar "identidad") no han sido demasiado diferentes a los de muchos: crecí en una colonia popular y fui a escuelas públicas random. Quizá pueda rastrear algunos rasgos distintivos de mi identidad en la estructura familiar a la que pertenecí: tal vez mi obsesión por el orden y la búsqueda de regularidades (idea que no suelo compartir con el grueso de las personas) se deba a la obsesión por la ley de mi padre, y quizá mi desubicación permanente se deba a la desubicación estructural en la que crecí, viviendo materialmente en un estrato socio-económico medio-bajo, pero con valores e ideologías de un estrato medio-alto. Quizá hice míos valores ajenos a mi estrato, como el del encanto de los detalles (como la marca de la ropa) o la elegancia de las formas (las poses y los gestos). Quizá el desarrollo industrial del Bajío tenga algo que ver con el hecho de que tenga acentuados los valores de la precisión, la utilidad y la eficacia, que al mismo tiempo son valores industriales para reducir el riesgo a pérdidas. A pesar de que Querétaro tiene poco más/poco menos de un millón de habitantes, los esquemas de vida son profundamente impersonales, lo que promueve niveles altos de subjetividad intelectual (y quizá ese hecho explique el que algunas de las personas más inteligentes que conozco [Elia, Miguel, Diego y Andrés] hayan crecido precisamente en esa zona).
Yo recuerdo que en 2004 y 2005, era más sociable de lo que soy hoy. Es curioso, ya que antes de 2004 y después 2005 se me ha dificultado el relacionarme con los otros (antes de 2004 por timidez, después de 2005 por desinterés). Fuera de momentos atípicos de explosión emocional que no duraron más de un par de meses (como vivir la experiencia de entrar a la hasta hace poco mejor universidad de Latinoamérica), mi interés por conocer gente llega a índices cercanos a cero. No es que no quiera conocer nuevas personas, cada vez que veo una chica linda o escucho en clase a una persona inteligente y/o culta, me planteo estrategias de acercamiento. Al mismo tiempo tengo una extraña afición por estar en lugares abarrotados de gente, pero donde casi nadie se conoce. Disfruto mucho de una forma de asociación basada en el anonimato y en música techno inorgánica, mecánica e impersonal, ea. Me he vuelto un sujeto apartado de las masas, pero que gusta de estar dentro de ellas. La explicación certera (es decir, sin invocar procesos abstractos) de por qué ocurre esto, aun la desconozco.
Las personas somos muy extrañas, man.
Un tal Heidegger decía que la diferencia principal entre los humanos y el resto de los animales, radica en la capacidad de los primeros para dejar la cosa ser en cuanto tal, es decir, la posibilidad de apreciar las cosas como fines y no sólo como medios útiles para la consecución de fines.
Por otro lado (distinto a: "por el otro lado", pues no estoy poniendo a pelear a esos señores) Dufour menciona que nos distinguimos de los animales no humanos por tener conciencia de la temporalidad. En otras palabras: para Dufour el animal no humano se entrega plenamente al presente, lo habita sin concebir pasado o futuro.
No pretendo traer a esta mesa que Roybert amablemente dispuso, un inagotable debate posthumanista, sin embargo, en los primeros acercamientos al tópico de la semana vino a mi mente la cuestión de la gente y el momento.
Alguna vez escuché a un vato decir algo similar a: "No lo disfruté, no es muy hábil, pero es fulanita de tal y me acosté con ella". Modifiqué la frase original con eufemismos, sobra decir.
No fui el único escucha de ese testimonio, la anécdota fue narrada a, cuando menos, cinco personas más.
Y está también aquel caso de la adolescente enamorada de menganito, a quien no veía jamás, pero era menganito. Y ella era la novia de menganito.
Y las camisas idénticas, excepto en dos detalles: el precio y la marca de la etiqueta.
Y el médico homosexual, esposo y padre.
Y está, por supuesto, aquel chico que es solitario para contarlo a los demás cuando deja de serlo. Por ejemplo los hikikomori, a quienes Roybert alguna vez mencionó en este blog, chicos japoneses que deciden tener vidas aisladas, pero que se reunen en foros de internet diseñados especialmente para ellos.
Los medios y los fines.

Tema 44

Pensé en dos temas, elijan el que quieran:

1. "Soy solitario y se lo cuento a todo el mundo"

2. "Con derecho a roce"

(Por cierto, el fondo blanco que tienen las publicaciones no me late nada)