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lunes, 17 de agosto de 2009

Son en días como este cuando el ir y venir de la ciudad me revuelve el estómago, entonces me siento en el sofá de color carmín, ese maloliente sofá… sin importarme. Me fumo uno o dos cigarrillos, observo la calle, las personas… nada.

Se llega la noche y tomo la chaqueta de cuero gastado, esa que me hace lucir como estrella de rock; salgo dejando el viejo departamento muy atrás, me envuelve el murmullo del incitante ambiente. Entonces algún transeúnte captura mi mirada, alguno que sobresalga de entre la hastiosa muchedumbre, pues me enferman en realidad.

Sigo en el juego, camino un poco, no demasiado cerca de la víctima pues no queremos que huya despavorida… no, es más bien un ritual en movimiento, me llena los sentidos. Corro.

Luego no hay mucho que contar, la chica grita, patalea y se resiste… en vano. ¿Por qué de una vez no se calla? ¿Acaso no se da cuenta que inevitablemente morirá? ¡Oh! La lucha por la supervivencia, ¡qué fascinante!

Tomo su delgado cuello entre mis manos, aprieto un poco, poquito más, quizás un poco más… es todo. Sus músculos se relajan y cae ligeramente entre mis brazos. Muerta, casi un ángel.

No me malinterpreten, no es sangre ni escenas gore lo que busco. Sencillamente el placer del encuentro, la intensidad, el desafío. Es casi como tener sexo con una chica diferente todos los días, sin tener que soportar las consecuencias.

Luego me marcho, me esfumo, embriagado... sin dejar rastro. De vuelta al sofá.

Todas las noches, algunos días, días como este.

domingo, 16 de agosto de 2009

Días como este.

Hay ciertos días en que desconozco mi historia y entonces el presente momento pierde todo lazo de unión y sentido al pasado ocurrido.
Deambulo por las calles y el mundo es azul, las nubes ineludibles y el sonido lento en demasía. Recorro pasajes urbanos y también humedades, muchas piernas se mueven con lógica prisa; no puedo ver rostros pero sí imaginar historias de jornadas laborales pesadas y camisas que deberán lavarse antes de tiempo por el espontáneo aguacero.
De pronto me apetece fumar pero no sé si fumo ni mucho menos cuál es la marca que fumo, poco me importa y entro a una tienda compacta a más no poder, levanto la mirada y un hombre, también compacto, me atiende con desinterés. Pido tabaco y pago, encuentro licor entre las decenas de productos amontonados y lo pido también, no sé si tomo, hoy lo haré.
Vuelvo a casa impaciente y sediento, alrededor las personas eluden gotas celestes en danza simpática, un hombre de traje salta los charcos con gracia y su acompañante femenina tiene mal gesto, ese gesto de enojo que sólo las esposas logran. Me aburro del mundo y encuentro el lugar donde vivo, abro la puerta y después la botella, un trago, dos tragos, enciendo el cigarrillo que la lluvia me impidió fumar hace minutos, tres tragos, reposo en mi cama.
Tocan la puerta y salgo al encuentro de… ella, sonríe como puede y hago lo mismo, no sé quién es, la invito a pasar.
Observa mi habitación, repara en la botella y sus labios se contraen formando una O, pregunta qué pasa, respondo sincero que ignoro tal cosa. Se sienta en un sofá sin hablar más.

-Estás lloviendo.
-¿Eh? Sí… ya tiene unas horas.
Responde con voz desvanecida.
-No, tú estás lloviendo ¿por qué?
No responde y permitimos al silencio pasearse por mi habitación un par de minutos hasta que no puedo más e interrogo.
-¿Te amo?
Me mira sorprendida un instante y después inclina su cabeza para contestar.
-No en días como este.

miércoles, 29 de julio de 2009

de calcetines y semi ficción ea

Yo tenía como 13 años cuando empecé a alejarme de la gente.

Frecuentemente me encontraba rodeado de personas que conversaban y yo no las entendía. No entiendo a la gente es algo que pensaba mucho en el 2009, año en el que decidí irme a vivir al bosque.

Y cuando digo "el bosque" en realidad quiero decir "mi apartamento" ea.

Se me hizo fácil dejar de hablar.
Según recuerdo, cuando me enganchaba en conversación con otros, me sentía poco comprendido, sentía que el mensaje que mandaba no estaba llegando de un modo claro... y sentía que los mensajes que los otros me emitían estaban llenos de convencionalismos y giros verbales azarosos cuyo significado yacía en el imaginario colectivo o que hacía referencia a alguna metáfora desconocida por mí.

2009 fue el año en el que decidí que oralmente no podía comunicarme con los otros, y que el único modo del que podía mantenerme vivo y salvarme de la muerte-por-frustración, sería comunicarme sólamente a través de la palabra escrita.

Se me hizo fácil.

Me surtí de libretitas y bolígrafos. Desde entonces me comunico sólamente a través de ellos, cuando salgo a las calles y necesito de los otros. No tengo que escribir mucho. "300 gramos de queso, por favor" y me lo dan.

No sé ni me interesa lo que la gente asuma. Quizá piensan que soy sordomudo. Quizá piensan que no uso calcetines.

domingo, 12 de julio de 2009

nuevo tema

hola a todos los integrantes de este creciente e interesante blog.

el tema de esta semana es:
la naturaleza me hizo una jugada
saludos

lunes, 6 de julio de 2009

Y

Corro, corro, corro…volteo hacia atrás, estoy exhausta, no sé cuanto tiempo llevo corriendo; mis pies ya no pueden más, creo que me voy a desmayar, mi mente no puede dejar de pensar.
Volteo, nadie me viene siguiendo; no me siguió, no sé en donde se quedo.
Abro los ojos de golpe; ella esta aquí, acostada en la cama, dormida, tranquila, se puede apreciar la enfermedad en su cuerpo, es como si ya no estuviera sufriendo incluso podría decir que tiene una sonrisa en su rostro.
Le hablo para levantarla –Despierta es hora del almuerzo, tienes que comer algo-, no responde.
-¡Vamos, floja, si no te levantas tendré que comerme este delicioso menú!-
Tengo miedo, la tomo de la mano, se siente caliente, me da un apretón y después nada.
Esto es, ella no se fue, me dejó ir…me dejo aquí.