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viernes, 4 de septiembre de 2009

comienzo

Mi nombre, Laura ¿eso te dice algo sobre mí? No lo creo. ¿Qué me gusta? Las películas, el chocolate y el silencio, en general soy una persona callada, pues disfruto mas escuchando que hablando. También me late perder las cosas y encontrarlas de nuevo, perder y buscar, supongo que sin querer he hecho de eso una de mis actividades favoritas. Me agradan también (pero en menor medida que todo lo anterior) las mentiras, ¿Por qué? Por que nos ayudan a crear nuestras propias realidad, las realidades en las que verdaderamente nos gustaría vivir.

¿Qué detesto? desperdiciar el tiempo, cosillas como la impuntualidad, las filas largas y las salas de espera me hacen perder la cabeza, por otro lado algo que en verdad me deprime es el frio, los días nublados y un poco, la lluvia, días con ese clima me hacen sentir desganada, sin fuerzas.

¿Qué hago de mi vida ahora? Estudio psicología social, a veces me gusta, a veces no. En ocasiones dudo de mis razones para estar en la universidad, pero bueno, en general dudo de muchas cosas y de las personas (sobre todo de las personas), pero ese es otro pasatiempo que me sirve para complicar un poquito la vida y no sentirme aburrida X/
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La primera ve que te vi, quede pasmado, me pareciste simplemente extraordinaria, tu cabello bajo el sol brillaba como nunca antes había visto brillar ninguna cabellera, me acerque a ti y descubrí que tu aroma era algo único, irrepetible. En tus ojos pude encontrar el portal a lo infinito, a la eternidad, era como contemplar la vida misma congelada en el tiempo.

Te hable entonces y cada palabra que salió de tus rojos labios me hizo saber que eras una persona llena de ternura, de una ternura infinita, de una paz sobrecogedora y sobre todo de una inocencia que rayaba en la locura. Mi conclusión sobre ti no podía ser otra, sin lugar a dudas, eras un ser frágil y a la vez incorruptible, eras tu la ruptura con lo cotidiano y seria, pues, por todo aquello que, en vez de parecerme dulce y envolvente tu existencia, se torno para mi una tortura, por ti vi mis días llenarse de hiel, de una extraña amargura, de una irritación casi profana.

y es por eso, desde que te conozco que siento ganas de verte desfallecer en mis manos, siento ganas de contemplar como tu vida se consuma gracias a mí y en fin siento que he nacido para ser tu verdugo.

sábado, 1 de agosto de 2009

Se me hizo fácil.

A mí me gusta mucho el cotorrito. Sin embargo se me hizo fácil relacionarme formalmente con una mujer, mi actual mujer, y me resulta bastante sencillo decirle secamente: "Hey, perdón, se me hizo fácil" cada que descubre mis infieles fechorías.
No sé si ella es muy tonta o si me quiere mucho, quizá funciona porque la frase en sí es muy poderosa, y es que se trata del pretexto perfecto.
El se me hizo fácil es una excusa que no suena a excusa, lleva un disfraz de sinceridad, no marea al que la escucha y no lo hace sospechar de premeditación compleja. Además se justifica brillantemente, pues recurre a una debilidad común del ser humano: su impulsividad inocente (podemos enojarnos sin opción a perdonar con el que engaña concientemente, no con el que se equivoca al igual que toda la gente).