La vi ahí parada frente a mí, viéndome con esa mirada de niña inocente que ella sabía que me encantaba. El misterio que envuelve a los amantes en los momentos previos siempre hace latir muy fuerte el corazón. Me senté en la cama y vi caer una a una las prendas. Nos acercamos, olí su pelo y su piel, nos unimos.
Muchas veces caminando por la calle pasa junto a mí una chica que porta la misma esencia y volteo a verla imaginando que puede ser ella. Nunca es.