Mostrando entradas con la etiqueta ea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ea. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de noviembre de 2009

Adiós a Lipovetsky

Cuando platicas con un wey que estudia Sociología (mal que se comparte principalmente con Filósofos, ambas actividades con pretensiones de "todólogos") siempre tratan de impresionarte con teorías que se escuchan complicadas. Me han tocado estas situaciones varias veces.
En la mayor parte de los casos me da hueva escuchar el rollo pseudo sociológico-filosófico (ya que estos sujetos lo sueltan en fiestas o en cotos en donde vas a relajarte, ¡y no sé con que objeto! ¡Que se lo digan en todo caso a una chica para tratar de impresionarla o yo que sé!). Sin embargo hay veces en que no puedes tolerar tanto choro y además mal fundamentado.
Pues bien, un día un tipo comenzó a hablar de la "atomización" de la vida social, es decir, de una hiper individualización. Posteriormente dijo que nos conducíamos a una disolución de los grupos.
En fin, le refuté fácilmente su idea con fundamentos básicos del conocimiento social: determinadas estructuras condicionan nuestro desarrollo, aunque te sientas aislado, perteneces al tejido social. No puedes escapar de los grupos.
El caso por excelencia son los Hikkikomori, jóvenes adultos que han decidido recluirse en sus casas y no seguir los ritmos que les imponen las estructuras sociales. No están aislados, no son únicos. Aunque no se conozcan forman un grupo, aunque no salgan, siguen siendo parte de las múltiples relaciones que constituyen un enorme tejido social.
Al final Maffesoli gana.

martes, 2 de junio de 2009

Trucos

A diferencia de mucha gente, a mí no me da por comer cuando estoy triste. Desde que era niño prefería jugar a ir a comer, y llegada la hora de la comida, me costaba trabajo comerme todo. Recuerdo que la comida que ya no quería la regaba por el plato para aparentar que eran restos que no podían comerse ya. También me acuerdo que fingía limpiarme la boca con una servilleta cuando en realidad depositaba en ella un trozo masticado de comida.
Mi mamá (como pueden pensarlo tras mis confesiones acerca de mis trucos) cocina bastante bien y muy variado. Creo que yo por naturaleza como poco.
Cuando estoy en algún restaurant y tengo que comer la entrada, guarnición, plato fuerte y hasta postre, mi panzita termina como los cachetes de un hamster cuando resguarda su comida en ellos.
Disfruto mucho de la comida, pero debido a que últimamente tengo que mantenerme ligero y moverme rápido (soy soldado en Irak), se ha vuelto sólo un aspecto funcional, no para disfrutar.
Espero que Javi nos prepare algo rico en su casa (ni estoy invitado, ea).