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martes, 1 de septiembre de 2009

Nacido para...

Si mides la cantidad de centímetros que abarca mi cuerpo del talón a la cabeza, y procedes comparando tal medida con la que el promedio de la población mexicana posee, probablemente pienses algo similar a: "Eres muy alto" y quizá posteriormente consideres que ante la pregunta "¿juegas basketball?" hay bastantes probabilidades de afirmación como respuesta. Sin embargo yo soy más bien un gustoso del soccer, o algo así.
Frecuentemente encuentro en la tv programas donde, chef presente o no, algunas mujeres de esas que visten elegantemente y conducen camionetas grandes, hablan del sazón en la comida. Y sí, me río.
El sazón es la combinación exacta, con ojo científico (que no clínico) de elementos iguales, en pocas palabras. Nada de vibras especiales que posee cada persona e imprime en los alimentos que cocina, por más que nos guste la magia.
Y es que a las personas nos gusta creer en rollitos aparentemente más allá de nuestra comprensión, por ejemplo en que nacemos hechos para algo, poseedores de un destino y misión. Seguramente Adolph Hitler (perdóneseme el cliché para situaciones como esta) llegó a creer que había nacido para dominar al mundo y eliminar a las razas inferiores. La magia puede ser peligrosa.

Algo que deben tener bien claro es que yo no nací para que califiquen mis escritos con motocicletas, sí para contradecirme eternamente.

(Esa última frase me va a costar mínimo 3 motocicletas jaja)